“TubalCain me aedificavit. Hércules me reaedificavit”.
Historia:
La leyenda dice que Tarazona fue edificada por Túbal y Caín y reedificada por Hércules. Así figura en el escudo de la ciudad: “TubalCain me aedificavit. Hércules me reaedificavit”.
Su primer bautismo fue Triaso, Turiaso para los romanos. Los restos más antiguos de la actual Tarazona datan de fines del siglo I (a.C.). Hay noticias documentales y numismáticas anteriores. En época ibérica la ciudad se reduciría al barrio del Cinto. Las calles son rectas, en damero irregular, rodeadas por una muralla que encerraba unas 3,5 Ha. Con la conquista romana crece el perímetro urbano y se extiende hacia el río Queiles. Turiaso acuña su propia moneda. De época romana han quedado algunos restos de singular importancia que preludian hallazgos más abundantes. Amén de conjuntos epigráficos, hay restos de villae urbanas, mosaicos policromos y bicromos geométricos, cerámicas, algún ejemplo de escultura y sarcófagos. Destacan en tiempos recientes los hallazgos de una gran villa que ha dado parte de sus estructuras arquitectónicas junto con elementos muebles extraordinarios, como la cabeza de ágata del emperador Augusto, otros elementos escultóricos y materiales diversos. También se ha descubierto esporádicamente algún enterramiento romano.
Con las invasiones del siglo III Tarazona es destruida, al menos la parte baja; los supervivientes quedaron recluidos en la zona del Cinto, abandonando la parte baja de la ciudad. Pese a la destrucción, Tarazona no desaparece sino que por el contrario se convierte en el siglo VI en una de las fortalezas más importantes del Estado visigodo frente a los vascones. Su fisonomia urbana era similar a la ciudad bajoimperial, aunque muy marcada por su carácter militar y episcopal. La catedral visigoda se ubicaría en el actual templo de San Atilano o en el de la Magdalena, dentro del Cinto, al menos desde el año 449.
Hacia el 714 es ocupada por los musulmanes. Entre el 714 y el 878 la ciudad crece notablemente. Se mantiene el barrio del Cinto como núcleo fundamental o medina y se crean dos arrabales; uno en el actual barrio de San Miguel y otro en la zona de la calle Alta Merced. La mezquita mayor pasaría a ocupar la catedral de los godos. Se desconoce la ubicación de la mozarabía, que debió de ser importante hasta que en el año 878 se trasladan a Tudela, con lo que Tarazona sufre una importante regresión demográfica. Los judíos estaban instalados en la llamada judería vieja.
Tras la toma de La Aljafería de Zaragoza en junio de 1118 las tropas cristianas realizaron algunas correrías contra Tarazona y en sus proximidades se vencíó al ejército musulmán que acudía en ayuda de Zaragoza. Terminada la conquista de ésta a fines de 1118, se emprendió la de Tudela y Tarazona, ciudad que fue tomada por Alfonso I en 1119. Dos años más tarde se procedía a la fijación de los límites de su obispado. A la muerte del Batallador, Alfonso VII de Castilla ocupó varias ciudades aragonesas, entre ellas la de Tarazona, aunque poco después volvió a manos aragonesas. Debido a su posición fronteriza con los reinos de Castilla y Navarra esta población sufrió diversas ocupaciones a lo largo de la Edad Media.
Tras la reconquista los moros vencidos se fueron a un barrio alejado llamado Tórtoles, la judería se situaba al norte del recinto amurallado y los cristianos crecen hasta desbordar el núcleo primitivo, descendiendo la ciudad al llano. Con la conquista cristiana Tarazona ve llegar un número importante de repobladores en 1119. Se crean dos barrios nuevos, uno en la calle Mayor y otro envolviendo al arrabal de San Miguel. Los judíos extienden su barrio mezclándose con los cristianos en la llamada judería nueva. El mercado se sitúa en la plaza de la Magdalena, cuya iglesia se convierte en catedral provisional. Se construye a mediados del siglo XII la catedral nueva al otro lado del rio. Los musulmanes quedan instalados fuera de la muralla pero junto al Cinto, en el barrio de San Juan.
Eclesiásticamente, según el concilio de Burgos de 1136, el obispado de Tarazona recibía Calatayud, Borobia, Olvega y otros lugares más, extendiéndose su jurisdicción por las tierras conquistadas por Alfonso I en la zona montañosa de la cuenca del Jalón. Entre los titulares del obispado destacan Céntulo de Bigorra (1121), Gaizco (1122-1129), Fortún Aznárez (1132-117l), Jimeno Romeo (1172-1184) y Tarino (1185-1196).
En esta ciudad se dio en 1267 la sentencia de Jaime I sobre el asunto de los monederos falsos, castigándose a las personas que batían moneda falsa con los cuños de Aragón y Castilla. En las Cortes que aquí se desarrollaron en 1283 se formó la “Unión” de los nobles contra el rey. Diversas concesiones recibió esta población de manos de Jaime II; así en 1301 autorizó la celebración de dos ferias al año, una en julio y otra en septiembre; en 1323 otorgaba a los turiasonenses el disfrute del Moncayo, y en 1327 sus vecinos recibían el privilegio de franqueza. En la guerra de los dos Pedros los castellanos la ocuparon en 1357; y, aunque más tarde la perdieron, volvió a caer en su poder en 1363; finalmente los aragoneses, con la ayuda francesa, recuperaron la ciudad en 1366. A fines del siglo XIV se fijaron los términos entre Tarazona y Torrellas, y posteriormente con Cervera. Desde el punto de vista administrativo era cabeza de una de las doce sobrecullidas en las que se dividía Aragón con fines fiscales. Fue también una de las cinco juntas que se ocupaban de la persecución de los malhechores en el reino.
Tarazona recupera a lo largo del siglo XV la población que había perdido en el XIV como consecuencia de las guerras y las pestes. Siguió teniendo una importancia decisiva en la defensa de la frontera contra Castilla, como ocurrió en la guerra de 1429-1436. Pero con la unión de las dos grandes Coronas de la Península, la función defensiva dejó de tener importancia. A Fines del siglo XV, en 1495, se celebran en Tarazona unas importantísimas Cortes en las que se decide establecer y determinar la población de Aragón, para lo cual se realizó el primer censo completo y fidedigno de nuestra historia. Fue cabeza de la sobrecollida de su mismo nombre y cabeza de la Junta Regional para la Defensa del Reino.
En la guerra de Sucesión se puso Tarazona inmediatamente bajo la bandera del futuro Felipe V, incluso con varias compañías de armas. En 1706 estuvo a punto de ser atacada por las tropas del archiduque de Austria, que había ocupado Borja. Felipe V recompensó a Tarazona por su fidelidad, concediéndole en 1707 una serie de privilegios. El siglo XVIII ve empobrecerse a la ciudad, agobiada por las constantes contribuciones a que la sometieron los monarcas de la Casa de Borbón. En la segunda mitad del siglo hay una revitalización de la ciudad, que a fines del XVIII es la segunda en población en Aragón tras Zaragoza.
En la guerra de la Independencia las tropas francesas ocupan Tarazona, de la que había huido el gobernador militar de la plaza. La ciudad de Tarazona envió un representante a las Cortes de Cádiz para defender la Constitución. Tras la guerra Tarazona va a verse decididamente implicada en un lento pero progresivo proceso de industrialización. Tras la reforma del Estado en 1833, quedará incorporada a la prov. de Zaragoza. Se amplía notablemente el casco urbano y se construyen numerosas fábricas e industrias: pero a la vez, perdida gran parte de su función administrativa al centralizarse la administración provincial en Zaragoza, se convierte en una pequeña ciudad provinciana.
Descripción:
Un impresionante sistema de fortificaciones defendieron la Tarazona medieval. Aunque de ellos quedan pocos restos visibles, todavía es posible reconocer el trazado seguido por la muralla siguiendo los sensacionales cortes verticales en la roca natural. Éstos aislaban el Cinto como un elemento defensivo más. Numerosas torres jalonaban las murallas y la ciudad. La denominada, en el siglo XIV, Torre del Rey, junto al convento de la Concepción, se edificó sobre un basamentomusulmán, a base de sillares almohadillados. Éste se recreció con nuevos sillares, un cuerpo de mampostería con sillares en las esquinas y otro final de tapial, en el que se abren los dos únicos vanos de la torre.
Muy próxima a ésta se construyó otro cubo en la muralla, que fue aprovechado por el convento de la Concepción para instalar su campanario. El Cubo y la Torre del Rey fueron restaurados en 1990. Existía otra torre de flanqueo en el lado opuesto, cuya cimentación se conservó hasta fines del siglo XIX y que se denominaba «el Queso», por su planta circular.
Las murallas altas (en la Plaza del Puerto) tienen un espesor de 5 m en algunos puntos. Construidas en el siglo XIV hoy subsisten embutidas en viviendas modernas. Las de la calle Alfara posiblemente datan de finales del siglo XV.
En el tramo de murallas se abría un impresionante foso de agua, que quedó convertido primero en dos lagunas, y después en una balsa, desecada a comienzos del siglo XX. El foso fue completamente colmatado, y de su presencia sólo queda el recuerdo del agua en el nombre del lugar: Plaza de Puerto y calle Laguna.
